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Llegó el momento en que
los torneos resultaban demasiado peligrosos, por lo que las Justas fueron
conquistando el favor de la aristocracia.
La
Justa se convirtió en deporte, un ejercicio militar, una prueba de habilidad
y un acontecimiento social. El
combate individual podía realizarse con gran variedad de armas, a
caballo o a pie, y solían terminar sin mayores consecuencias que unas fuertes
contusiones y la rendición de uno de los contendientes.


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